Evolución fachada trasera Patientia Filius IISaludos cordiales a todos los miembros (y miembras) de este sin par grupo de entusiastas exincastilleros. Ganas tenía de ofreceros algo más que mis fugaces comentarios en los hilos dedicados a vuestras construcciones. Desgraciadamente no se trata, como yo hubiera deseado, del reportaje fotográfico definitivo del presente castillo, el mismo al que con escasa imaginación bauticé en su momento como Patientia Filius II, aunque hoy por hoy, considerando la enorme cantidad de tiempo y energías empleados en él, más que tentado estoy de rebautizarlo como: “Madrequeparió al Castelum”. A falta, digo, de dicho reportaje, y sin intención alguna de daros gato por liebre, se me ha ocurrido ofreceros una selección de fotos de la fachada trasera. Con ello trato de mostraros la evolución que ha experimentado esta parte de mi construcción, hasta llegar a su última versión, que espero que sea la definitiva (salvo retoques decorativos menores: banderas, blasones y demás). Todo ello, naturalmente, sazonado con jugosas explicaciones sobre los distintos elementos arquitectónicos que han ido apareciendo y desapareciendo al albur de mi personal ideal estético. Espero que todo ello compense en alguna medida mi deshonrosa falta de productividad, además de servir como entretenimiento venial a los insignes y desocupados integrantes de nuestro bien afamado foro. Sin más demora, entramos en materia.
Fase inicial

Cuando comienzo un castillo sólo tengo una idea muy remota de lo que pretendo hacer. Básicamente lo que hago es trazar una serie de líneas maestras que tratan de aprovechar al máximo el espacio disponible. Como se aprecia en las fotos, la planta de mi construcción es irregular. Con esto quería lograr mayor realismo en el aspecto final, a la vez de proponerme nuevos retos constructivos. Esta pretensión ha sido, a la postre, mi principal fuente de problemas y la culpable, en última instancia, de tan dilatado proceso de construcción. Al tratar de integrar muros con distintos ángulos de unión quedaban fisuras y desniveles muy difíciles de solucionar (pues como sabéis de sobra, el diseño de las piezas de Exin está pensado esencialmente para formas cúbicas). Tratar de disimular en lo posible esos huecos y además querer obtener un resultado estéticamente aceptable ha sido, y todavía lo es, un constante quebradero de cabeza. En las fotos 2 y 3 quisiera destacar esos muros inclinados situados entre torrecillas. Desde un principio me gustaron tanto que han logrado resistir todas las reformas posteriores.
Fase temprana

Tras alzar los muros hasta la altura necesaria y distribuir los volúmenes iniciales (foto 1), comenzó mi largo calvario por lograr que la parte trasera y los dos lados del castillo pudieran unirse de forma natural (esto es, respetando las limitaciones que en el diseño de las piezas emplearon sus creadores), pero también, buscando un acabado interesante. Las reformas comenzaron en el lado derecho. Las torres circulares (mediana y pequeña) servían para unir ambas partes con firmeza. Sin embargo el chaflán así obtenido se me antojaba demasiado plano, así que me decidí a acoplarle una torre albarrana, de considerable altura. Me hubiera gustado separarla más del resto del edificio, pero no tenía más espacio. También en esta fase, decidí unir las distintas torrecillas frontales con una especie de parapeto almenado.
Fase preintermedia

Tras las reformas de la torre albarrana comencé a pensar qué forma quería darle al cubo situado a la izquierda. Hice un ensayo al estilo de los viejos modelos clásicos de Exin castillos (foto 1), pero no me gustó la mezcla de las torres circulares y las torrecillas situadas en medio. Como alternativa se me ocurrió construir una torre cuadrada con los bordes redondeados y considerablemente más ancha que el cubo original (foto 2). Decidí también dar mayor protagonismo a las torrecillas, así que reduje la altura de la torre albarrana y eliminé la torre circular de la derecha, lo que me permitió aumentar hasta cuatro el número de torrecillas de la parte frontal (foto 3). En la última foto la torre circular de la derecha vuelve a aparecer, aunque reducida de tamaño. También se aprecia, en segundo plano, una de las varias pruebas que hice buscando una idea apropiada para ocupar el espacio situado detrás de las torres.
Fase intermedia

En esta periodo constructivo comenzó a gestarse lo que a la postre sería el edificio palaciego; me refiero, obviamente, a la construcción rectangular situada en el centro de la fachada y que destaca como la zona más alta del castillo. Dicho elemento elevó considerablemente la altura de esta fachada. Así mismo el torreón del lado izquierdo fue ganando complejidad estética. Sin embargo, a pesar de tantos esfuerzos por enlucirlo, su altura y disposición no me parecían adecuadas, pues según mi criterio no acaba de armonizar con el edificio palaciego, situado a su derecha. En la foto 4 puede verse una importante reforma consistente en la eliminación de una torre circular (arriba a la derecha) para dejar libre la torre a la que estaba unida y dar a la misma una altura mucho mayor.
Fase oscura

La excesiva verticalidad y mis reparos respecto torreón del lado izquierdo, me llevaron a una creciente decepción que finalmente desembocó en una de las reformas más importante que he realizado en mi construcción. En una tarde aciaga desmonté más de 6000 piezas y me replantee completamente cuál era el aspecto que debía tener esa fachada. Mi primera idea fue reducir drásticamente la altura de la versión anterior para nivelar esta fachada con resto del castillo, formado con edificaciones mucho más bajas (foto 1). Igualmente rediseñé completamente la unión de la fachada trasera con el lateral izquierdo, creando un nuevo chaflán mediante la utilización de dos torres circulares medianas y una pequeña. Pero tal vez lo más novedoso fue el intento de ganar profundidad a base de eliminar el edificio palaciego. En su lugar construí un bonito patio interior decorado con ventanas golden de doble altura, a modo de claustro. Rodeando dicho patio aparecían torres de distintas alturas y tamaño, además de una serie de tejadillos marrones de PDJ (fotos 2 y 3). Es de destacar en esta fase la colocación de una caperuza en la torre del lado derecho (foto 3). El resultado me gustó tanto que ha permanecido prácticamente inalterable hasta la versión definitiva. Pese a todo, la idea de un edificio palaciego seguía dando vueltas en mi cabeza y como bien se aprecia en la foto 4, no tardó mucho en concretarse en una nueva versión, con una altura mucho más reducida y ocupando el espacio de las torrecillas centrales.
Fase avanzada.

No mucho más tarde volví a reconstruir la pieza rectangular situada en el centro, dándole la misma altura y la misma ubicación que en versiones anteriores. En las fotos se aprecia que la torre mediana de la izquierda queda anexada a la pieza central, decorada aún con ventanas de rejilla. Esta versión de la fachada trasera podía haber prosperado de no ser por el chaflán del lado izquierdo. Empezaba a tener claro que la fachada trasera tenía que estar dotada de total independencia para destacar como era debido. Esto no era posible a menos que encontrara una solución para delimitarla convenientemente, y la solución no podía ser otra que la de cortar por lo sano, como seguidamente se verá.
Fase avanzada bis

Para delimitar el lado izquierdo decidí construir un severo ángulo de 90 º con dos torres semicirculares, cada una mirando para un lado. De este modo la fachada trasera quedaba enmarcada entre dos semitorres circulares, aunque la torre albarrana , en el lado derecho, aún creaba un poco de confusión “visual” (foto 1). Las torrecillas vuelven a ser cuatro, y la torre mediana de la izquierda desaparece al ser engullida por la pieza central. Llama la atención que sobre el futuro edificio palaciego aparece, de repente, una extraña construcción que eleva la altura de la fachada hasta su máxima cota. La razón de ello está en la vista del castillo por su parte frontal. Necesitaba este añadido para que desde ese punto de vista se mantuviera una determinada estética. Sin embargo visto desde la parte de atrás el resultado era bastante horroroso. Realice mil versiones distintas respecto a la decoración de la misma (véase ese estilo “garra de tigre” de la foto 2), hasta que finalmente di con una opción que no resultaba del todo mal (foto 4). Sin embargo, lo mirase por donde lo mirase, aquello me parecía una chapuza.
Fase reciente

Cansado de buscar una solución estética que me agradara, no se me ocurrió otra cosa que convertir las pilastras que enmarcaban las ventanas de rejillas en torrecillas idénticas a las de la parte inferior del castillo. De este modo creaba una especie de corona alrededor de la cúpula, la cual quedaba oculta parcialmente. Estaba claro que las torrecillas habían ganado la batalla a la hora de dotar de personalidad a esta parte de la construcción. Dejándome llevar de este nuevo impulso estético, eliminé la torre albarrana y sumé tres torres más a las cuatro existentes en la parte inferior (foto 2). El resultado fue una fachada excesivamente recargada que a duras penas podía disimular mi falta de imaginación. Tras unos días de descanso y largas meditaciones comprendí lo que tenía que hacer.
Fase preactual

Había que simplificar las cosas. El exceso de torrecillas y ventanas de la fase anterior fue poco a poco depurándose. En primer lugar eliminé las torres de la parte superior, que volvieron a convertirse en pilastras. Luego cambié las ventanas de rejilla por ventanas góticas de PDJ, lo cual me permite delimitar la fachada en dos zonas: una parte más militar, con ventanas de rejilla, muros inclinados, almenas y matacanes; y otra eminentemente palaciega, a considerable altura. Más tarde fui eliminando ventanas sobrantes hasta dejar las mínimas posibles. Y finalmente construí una nueva cúpula, bastante más grande, para abarcar toda la parte superior del edificio.
Fase actual.

Este es el aspecto que actualmente presenta la fachada trasera. No me cabe duda que aún le daré algún retoque más, aunque ya no creo que eso suponga variaciones importantes. Ojalá que el resultado final haga que merezca la pena tanto trabajo. Por lo demás, espero haberos hecho pasar un buen rato. Un abrazo y hasta la próxima.
PD: Estimados
Perberley y
Alexandros. No creáis que dejé caer en saco roto vuestras sugerencias respecto a la Torre de la Cruz . Respecto al tamaño, es evidente que teníais toda la razón. La cruz más pequeña es mucho más proporcionada que la primera que yo hice. Respecto a las piezas grises, la verdad es que a falta de tales piezas, lo que sí utilicé fue una cartulina de dicho color. No es que quedara mal del todo, pero, no sé, no acabó de convencerme. De todos modos os confieso que el aspecto final de esta parte del castillo aún no lo tengo demasiado claro.