Medieval, ese tipo de construcciones que hacíamos cuando éramos niños eran fabulosas: tal vez ahora logremos edificaciones mucho más arquitectónicas y espectaculares, pero aquellas tenían fantasía y estaban libres de prejuicios (nada de que las puertas estuvieran a escala con los personajes o de que todas las ventanas se debía colocar a alturas uniformes). Eran construcciones para jugar y para contemplarlas sin críticas.
Muchos adultos compramos todavía castillos con ilusión, como si fuéramos niños, y qué bueno que eso suceda, ojalá nunca dejemos de ser niños y que en veinte años (cuando todos andemos por los sesenta), estemos realizando el Concurso número XXI.
Claro que las cosas son diferentes cuando eres adulto. Por ejemplo, tengo un amigo que tiene muy buenos recursos económicos, y cuando volvieron a salir los Exin Castillos en México (los de Popular de Juguetes), fue a un supermercado y compró todos los que había ahí: se gastó una pequeña fortuna. Él sigue siendo un niño, nada más que ahora es un niño con dinero propio!