Memoria:
Número de piezas: Más de 5000 piezas (9000 aprox)
Don Anxo de Altamira es uno de los más grandes navegantes de la península, por lo tanto uno de los más grandes del mundo conocido.
Tiene como residencia habitual el pazo que ordenó construir en honor a su única hija, la hermosa “Sainza”.
Fotografías:

Hoy reciben la visita de Doménico Fontanarrosa, un joven navegante genovés, llegado a las costas de la noble villa de Noia en uno de sus mejores barcos, dedicado al transporte de sedas y especias. Aprovechando que las tierras de Altamira están muy cerca del amarre de su barco, se ha puesto sus mejores galas para conocer a Don Anxo y a su preciada hija. Además sabe que Don Anxo es un gran amigo del conde de Soutomaior, el cual está interesado en ciertas rutas marítimas que aún están por descubrir, e intentará, a través de Don Anxo, conseguir una audiencia con el conde, conocido también como Pedro Madruga.

Don Anxo recibe al joven Doménico y tras un pequeño refrigerio le enseña el pazo mientras charlan distendidamente sobre lo divino y lo humano…

Mientras, Sainza acompañada de su gran amiga Isabel, recorre traviesamente el pazo intentando sacar información del joven visitante sin ser vistas…

Tras la comida, Doménico, viendo la insistencia de Don Anxo se retira para descansar en uno de los aposentos del pazo. Y mientras atardece, Don Anxo busca a su hija para comentarle que el genovés tiene intenciones matrimoniales, y que está en manos de ella aceptarlas o no…..
Tras un rato de reflexión, Sainza decide rachazar a su pretendiente alegando que es demasiado joven y no se ve preparada para el matrimonio. Ocultando así que de quien está enamorada realmente es del juglar que con su tambor le alegra los días en el pazo….

Al anochecer, tras conseguir la entrevista con el conde, celebran un gran banquete en el enorme salón del pazo, en honor al joven Doménico.

Tras el banquete y bajo la atenta mirada de la luna llena, Doménico se despide de sus anfitriones con la intención de levar anclas con los primeros rayos del amanecer. Dejando atrás al imponente “Pazo de Sainza”…





Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 



