Sorprendentemente, ahora y desde hace mucho tiempo, el concepto y la misma palabra de romanticismo, o romántico, se asocia con el rollete sentimentaloide, cuando en origen era tan extenso, inquietante, sobrecogedor y apasionante como queda dicho (por favor, corregidme los entendidos y los maestros de literatura y de arte si me equivoco).
Bien, pues inspirado en éso, ahí va la foto de presentación, con fondo que es el de una obra del pintor alemán Caspar David Friedrich de hacia 1810 (lo menciono porque no quiero que el alma de mi admirado Caspar decida convertir ésto en un asunto de honor, y pedirme cuentas bajando desde el Cielo o subiendo desde el otro sitio que no menciono por prudencia y no acabar como el don Juan Tenorio (obra romántica, claro) que se atrevió a desafiar a quien no podía matar por segunda vez, y así le fue.
Espero que os guste tanto que no os deje conciliar el sueño esta noche (no os quejéis que luego pagáis por ver el Expediente Warren, que da más susto).

Vídeo (perdonen la infame calidad, pero lo he hecho dos veces y no habrá tercera, que seguro que saldrá igual o peor):





























































