El Castinasterio del Duende Bebido

A comienzos del siglo XIV hubo un monasterio destartalado en la orilla del río Alberche, tan cerca de la corte para poder recibir limosnas reales y tan lejos de la misma para albergar a huidizos personajes o prisioneros incómodos. Algunos frailes y monjes que lo habitaron hicieron alarde de nuevas técnicas vitivinícolas de otros reinos para inventar nuevos caldos que deleitaran a la nobleza. Se dice que inventaron un licor tan espirituoso que el monje que lo probó, al que llamaban cariñosamente "Fray Bebido", se abandonó a los sentidos del paladar y dejó su existencia convirtiéndose en duende. A ver... esto no ocurrió de repente. El monje, antiguo fraile menor, abandonaba su celda todas las noches para comprobar constantemente el grado de alcohol que aumentaba por momentos en el licor preparado. Tantos experimentos probó con el licor que su mente y alma abandonaban su cuerpo durante horas y horas. Noche tras noche, esto acabó en una seria complicación.
Un día, al descubrir sus compañeros de rezos su cuerpo inerte, lo dieron por muerto, lo enterraron y rezaron mil novenas por su alma. La mente y el alma del monje no tuvieron a dónde volver. Su cuerpo, enterrado no estaba en condiciones de ser rehabitado. Por tanto, de haber muerto físicamente, se habría convertido en fantasma. Pero al estar en un estado distinto al de "finado", se quedó en duende, duendecillo o martinico. Deambula a su suerte por los muros derruidos del monasterio que lleva su nombre pues así lo escribió con el licor, que utilizó como tinta, para advertir a los monjes que su error lo había dejado en ese estado y pedía que lo desenterraran para ayudarlo a volver a su espacio corporal. A base de ruidos de cacerolas, cadenas arrastrándose y objetos que cambiaban de sitio en las horas de los rezos, el duende se comunicaba y lo hacía con su particular humor, a veces..., o su espectacular cabreo.
Mas tarde, a comienzos del siglo XV hubo un joven en Segovia, el príncipe Don Juan, que jugaba en los aledaños de un alcázar castellano y se aburría enormemente porque no encontraba rival para sus juegos. En esa situación. su madre, Doña Catalina, por indicación del Arzobispo de Toledo, acogió en palacio a un muchacho como paje real, sobrino del mismo Arzobispo, para acompañar al príncipe en sus juegos y en sus estudios. Don Álvaro, que así se llamaba el muchacho, catorce años mayor que Don Juan, congenió enseguida con el príncipe. Tan intensa fue su amistad que no podían estar lejos el uno del otro. Incluso, dormían juntos, el paje y el príncipe, en la misma alcoba del príncipe. Esa costumbre era habitual en la época, No había nada que extrañar. El paje solía dormir a los pies de la cama, en un camastro preparado para tal fin y su cometido era vigilar el sueño de su señor. Pero algo sucedió para que la reina prescindiera de los servicios del paje aragonés. Aun así, siguió junto al príncipe en los juegos y en los estudios.
Pasados unos años, doña Catalina consideró que esa fuerte amistad estaba nublando los sentidos de su hijo. Tanto afecto sentían el uno por el otro que doña Catalina expulsó a don Álvaro de la corte suponiendo que se había llegado a una situación pecaminosa. El sentido moral de doña Catalina, inglesa de origen, llevó al extremo de esa dolorosa separación. Su puritanismo ocasionó muchas rivalidades en un reino donde convivían pacíficamente cristianos, judíos y musulmanes. Exagerada su postura o no, el malestar fue creciendo en la corte.
A pesar de la separación forzada, don Álvaro consiguió situarse en muy buena posición paralelamente a su amigo don Juan, incluso, su fortuna fue creciendo y, tras convertirse don Juan en el nuevo rey, don Álvaro se enriqueció durante su destierro y mucho más cuando Don Juan accedió al trono e hizo de don Álvaro su gran amigo. Lo convirtió en su brazo derecho, en su válido, y en Condestable de Castilla. El poder que acumulaba don Álvaro hizo mella en la nobleza y esto le acarreó bastantes enemigos.
Si el rey amplió el Alcázar segoviano, don Álvaro hizo lo propio con un destartalado monasterio que adquirió como su propio palacio personal. Si don Juan edificaba una nueva torre, don Álvaro procedía a hacerlo igual en el suyo. Su obsesión llegó tan lejos que el propio rey lo volvió a alejar de su corte.
Don Álvaro, tras perder la confianza de su amado amigo, se refugió en sus castillos y palacios que habría ido consiguiendo durante la época de esplendor en la corte. Ahora, alejado de ella, pasaba casi todo el tiempo en su preferido: el Castillo-Monasterio que él había ido reformando a imagen del palacio-alcázar segoviano. Para definir mejor el edificio, él mismo lo bautizó el Castillo-Monasterio con el nombre de Castinasterio del Duende Bebido, pues pasaba muchas noches en compañía del duende, que le amenizaba con las antiguas historias del monasterio, sus monjes, sus anécdotas y sus secretos más oscuros.
Tras la ejecución de Álvaro por orden real, el Castinasterio sirvió como prisión del reino. Luego, como establos, durante el reinado del hijo de don Juan, don Enrique. Finalmente, fue derruido completamente por orden de doña Isabel, hermana de don Enrique y sucesora de este; por haber acogido y refugiado a traidores y enemigos de su causa. Más empeño tuvo doña Isabel en que no quedara piedra sobre piedra, tras ver el parecido con su palacio-alcázar y confirmar sus sospechas de las pecaminosas relaciones entre su padre y el ajusticiado morador del Castinasterio.
Sin embargo,..
...todavía el Duende Bebido pide desenterrar su cuerpo, situado en la cripta del antiguo monasterio, sepultada tras siglos de abandono, bajo sembrados y huertos, y vaga por los parajes del Alberche, cerca los palacios que sirvieron de refugio a don Álvaro: el Castillo de Escalona y el de El Alamín.














El Castinasterio:
Se trata de una construcción en la que se han utilizado las bases de los Castillos Azules. En este caso, al duplicar las placas del medio, se ha convertido (en tamaño) en un modelo de castillo Azul que, de haber existido, sería un nº 4. Se ha aprovechado al máximo el espacio que permiten las placas (creo), y se ha utilizado en las fachadas diversas técnicas para dar relieve a las piezas obtenidas mediante impresión en 3D. Esta técnica pretende imitar el Esgrafiado Segoviano utilizado en notables edificaciones como el Alcázar. Es una composición distinta geométricamente pero no cabe duda que recuerda al mencionado monumento. Al menos, es bastante vistosa (o a mí me lo parece). En otras fachadas se ha utilizado la técnica de relieve almohadillado en dos versiones: Lisa, en piezas 3D, y en "gurruñucos" con el lápiz 3D, sobre piezas ya manufacturadas, que le dan un aspecto más rústico.
Con la misma técnica se han realizado suelos de patios, exteriores empedrados y los arbolitos que acompañan la muestra, realizados estos a partir de los soportes desechados para la obtención de ventanas, puertas y arcos. Se añaden personajes habituales en estos castillos: un fantasma, un dragón, una reina bruja, y el prisionero encadenado. Algunos están ocultos a la vista y solo son accesibles para los que juegan físicamente con el castillo.
Espero que os guste tanto la historia adjunta como el Castinasterio, obra histórica y de ficción.
Las piezas 3D utilizadas en las fachadas, a excepción de los relieves hechos manualmente, pueden ser descargadas a través
de Thingiverse, en el apartado de Exin. Procuraré publicar tres modelos de piezas tras la publicación de este nuevo hilo en el foro.
FIN




Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 









