En medio de una basta región pedregosa, se alza una construcción que no se comprende a simple vista. Desde lejos, una osamenta pétrea colosal domina el paisaje; desde cerca, el acceso se vuelve desafío mental.

A sus pies se extiende un laberinto de muros intrincados, cuyos recorridos obligan al viajero a avanzar con cautela, repitiendo giros y retrocesos. Quienes han pasado por allí aseguran que el trazado nunca es exactamente el mismo y que el lugar parece reajustarse con el paso de los días.
A veces adoptan formas de remolinos, una configuración dinámica que simboliza el movimiento continuo, relacionada con fenómenos naturales como los giros de los astros y el fluir de los ríos; en ocasiones, incluso, adquieren formas exinográficas Galyleanas.

Esta fortaleza es conocida como el Castillo de Laberynthum Arcadia y no fue concebida para la guerra, sino para la prueba del tiempo y la paciencia.

Las montañas de piedras Exincúbicas que lo rodean, forman parte de Arcalabria, una comarca antigua, difícil de cartografiar, donde los mapas pierden vigencia con rapidez y los caminos se resisten a quedar fijados.
En los registros oficiales se menciona este Palacio como residencia de la soberana, la Reina Petra y como uno de los espacios más singulares del dominio. Así figura en los anales del Reino de Petrofornia, en el corazón de la Isla de Exinfornia.
El secreto de este laberinto es conocido únicamente por la Reina Petra y por sus doncellas reales, las Arcadianas, mujeres instruidas en los caminos misteriosos de la fortaleza y en el cuidado personal de la Reina. Ningún otro habitante del reino, ni noble, ni general, ni consejero, ha conseguido cruzar sus pasadizos sin terminar, tarde o temprano, de vuelta en el punto de partida. Algunos entran siendo adultos y salen siendo niños pequeños.
La pregunta que ronda las aldeas y ciudades de Petrofornia es siempre la misma:
¿Cómo reciben alimentos, medicinas o pergaminos si nadie puede entrar al castillo?
La respuesta es tan antigua como la dinastía de Petra: los Dragones Arcadianos, Exincriaturas pequeñas y otros Exínidos voladores, ágiles y extraordinariamente trabajadoras que sirven a la corona desde tiempos inmemoriales, llevan y traen mercancías.
EL CORAZÓN DEL MISTERIO
El laberinto mantiene a raya a cualquier intruso.
La Reina y las Doncellas Arcadianas, son las únicas capaces de orientarse en ese lugar; incluso pueden internarse en el misterioso bosque de Exinumbria, morada de los Exínidos y Exinánimas, gracias a una pequeña esfera azul luminosa que las guía.
La Reina Petra gobierna desde la altura de las torres, ella ha escrito una carta al Señor del Norte, Rikmorstein, Rey de Hierrofornia, invitándolo a un banquete junto al Mar Mediterráneo, para celebrar una alianza comercial y diplomática.


Petra le entrega la carta al Toroleón, (nacido en la región oscura de Cráneofornia, justo en el centro de Exinumbria) el Dragón Arcadiano de mayor confianza, este lo toma y vuela rumbo al Norte de la Gran Isla de Exinfornia...
LABERYNTHUM ARCADIA

























DESDE EL CASTILLO DE HIERROFORNIA, RAÚL PETRO TUVO UN SUEÑO PREMONITORIO.
En aquella región de piedra viva, donde el suelo parecía recordar antiguas batallas del mundo, se alzaba Laberynthum Arcadia, el castillo de la Reina Petra.
Desde lejos era una osamenta petrea colosal; de cerca, un enigma, un desafío que requería concentración, paciencia e intuición para adentrarse en el.
Decía la leyenda que el castillo fue edificado con una paciencia casi ritual, bloque a bloque, como quien aprende a ordenar las ideas y el mundo con las manos. Bajo sus muros corrían ríos de aguas vivas, semejantes a raíces de luz nacidas de la oscuridad del tiempo. En sus laberintos deambulaban memorias de una galería a otra: infancias felices, presencias amadas que iban y venían, aromas, sonidos, voces acogedoras. Es así como el laberinto recordaba a quienes lo habitaban, aunque sea por unmomento.
Y en su centro estaba la Reina Petra.
Petra no gobernaba el castillo: era el castillo.
Su cuerpo era piedra ordenada; su palabra Exingrafía galyleana; su pensamiento geometría extraordinaria. Su silencio sabiduría Fruto del Tiempo, y su espíritu, el cantar de los ladrillos walabrandianos.
Petra vestía de seda blanca porque conocía el origen de las cosas: toda forma nace de una chispa, de una idea mínima, de un aliento primordial, antes de ser creada. Lo sabía con la misma certeza paciente con la que trabajan los gusanos de seda en los antiguos Morales.
Mientras Arcadia tomaba forma, bloque a bloque, Petra adquiría vida en sí misma. Como un pensamiento que se ordena, como materia que aprende a sostenerse, como una presencia que surge a medida que la estructura se reconoce a sí misma. Así, la construcción y la reina crecieron juntas, sin prisa, compartiendo una sola entidad.
Pero llegó un instante, inevitable y necesario, en que el cielo se volvió demasiado pesado, enrarecido.

Fue una estrella errante: un fragmento antiguo del firmamento que olvidó su camino y descendió con furia, como un pensamiento voluntarioso y repentino. Al caer sobre Arcadia no solo rompió su estructura: la desmembró. El impacto ocurrió hacia dentro. Las galerías se plegaron, los ríos de aliento se elevaron en columnas de vapor, y el silencio se volvió llanto hecho escombros.
Cuando el polvo se asentó, el laberinto se perdió en su propia alma. Se tragó sus propias entrañas. Las piezas permanecían reconocibles, sí, pero ya no sostenían el mismo sentido.
Entonces, el Universo Exin reveló lo que pocos aceptan: algunas destrucciones no son finales, sino comienzos.
Arcadia no murió.
Fue desarmada.
Piedra a piedra, bloque a bloque, exinio por exinio, memoria a memoria, sus fragmentos quedaron listos para otra forma aún no revelada. Y la Reina, al perder su reflejo, no desapareció: se dispersó en cada bloque, en cada arco, en cada posible unión. Porque quien sabe construir, también sabe reconocer un rompecabezas de múltiples caminos y sabe esperar con fe y tranquilidad.
Las ruinas descansan a orillas del Mar Mediterráneo. Ahí nació una promesa.
Donde antes hubo un solo castillo, ahora existen posibilidades infinitas.
Y cada nueva construcción, hecha con las mismas piezas, guarda en silencio el recuerdo de Arcadia…
y de Petra, que aún espera ser reensamblada con nueva luz y nueva vida.







Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 