La gracia que aporta (que no se aprecia demasiado en las fotos) es que la base, hecha con ladrillos curvos de 3 pivotes, se va estrechando ligeramente a medida que va elevándose. Quiero decir, que he aprovechado el juego de la parte inferior hueca de los ladrillos curvos deslizandose por los pivotes para lograr un ligero efecto de pirámide a medida que suben las filas. Luego, el techo, aunque parece simple, no lo es tanto, sólo lo parece. Tiene un encaje que dió su guerra. Entre la base y la altura de la construcción bailaban algunos pivotes que se resistían a la domesticación. Por otro lado, si os fijáis, veréis que la base no es exactamente circular, es ovalada. Así que se trata de una torrecita pequeña que las mata callando.
En algunas uniones hay más presión que en otras. Si las piezas fueran inteligentes y tuvieran sensores, podríamos representar la torre de colores en función de la presión que se ejerce en los distintos pivotes. Más presión, más rojo, violeta o más negro; por ejemplo. En esta representación digital tendríamos no una torrecita negra, sino de colorines; un mapeado de sus fuerzas y tensiones internas. Pero, de momento, esto aún no lo podemos saber porque las piezas Exin y NG, aún no son inteligentes, ni sensibles, ni hechas con nanotecnologia, ni conectadas a internet. Aún no podemos dialogar con las piezas para conocer las sensaciones que tiene las construcciones. ¿Llegará esto algún día? ¿Sabremos qué sensación tienen los castillos que construimos? Podría ser. Poder dialogar con las piezas y las construcciones sería otra manera de abordar esta afición; ¿No?
Bueno, que rollo sci-fi, futurista, pro-digital que os he pegado. Hablar con las piezas, con las construccione. Estos es animismo (o directamente paranoia). En fin, aquí van las fotos:















