En Castellterçol, un pueblecito de la comarca del Moianès, en Catalunya, hay un castillo discreto cuyo origen se remonta por lo menos al s. IX (Castrum Terciolo). En la actualidad este castillo es una casa rural y tiene una torre desproporcionadamente alta. Por lo menos, a los ojos de los lugareños que, para ello, tiene una explicación: un cuento popular. En realidad, esta torre es del s. XIX. Sin embargo, la historia de los hechos no es algo que preocupe demasiado a la cultura tradicional. El cuento explica el origen del nombre del pueblo a partir de un castillo que parecía tener tres soles. Así pues, Castell-ter-çol seria el Castillo de los Tres Soles. Pero ¿cómo que hay un castillo con tres soles en un mundo donde, de sol, solo hay uno?
Según el cuento, los del castillo habían construido una torre muy alta y, en cierta ocasión, pasó por ahí una persona sin demasiadas luces y con mucha pereza que pidió pasar la noche en la torre. El hombre durmió plácidamente toda la noche; muy cansado estaba. Por la mañana, el sol del amanecer entraba por la ventada de levante y lo despertó. El señor consideró que aún era temprano para levantarse, se dio media vuelta y se volvió a dormir. Al mediodía, el sol estaba entrando por la ventana que daba al sur y lo despertó. De nuevo la pereza le pudo y dio vuelta a la derecha para esquivar la luz del sol. A la caída de la tarde, los rayos del sol que se ponía entraban por la ventana de poniente y volvieron a despertarla. La conclusión de aquél viajero contrariado porque la luz no le dejaba dormir se girara hacia donde se girara, como no, fue que, en aquél castillo había, no uno, sino tres soles. Era un castillo con tres soles ¡Vaya por donde! Ahora ya entendía el nombre de aquel pueblo. Estaba claro, Castellterçol significaba castillo de los tres soles porque tenía tres soles. Y era cierto porque él lo había visto.
Hasta aquí la historia, pero, ¿cómo se construye un castillo con tres soles? Pues ahí va una versión folklórica que, desde luego, no se asemeja en nada al castillo físico (como el cuento que tampoco se asemeja a la historia de los hechos). Pero ¿Quién nos impide hacer reconstrucciones folklóricas de los castillos que nos rodean?
Ahí os dejo unas fotos para que recordéis el origen del nombre del pueblo de mi infancia:











Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 

