El Palacio Real es la obra cumbre del rey Carlos III "el Noble" (1387-1425) y uno de los emblemas más representativo del viejo Reino de Navarra.
Durante el reinado de Sancho III comenzó a construirse un castillo defensivo que fue ampliándose durante los reinos de la dinastía de los Teobaldos y que, culminaría, con el reinado de Carlos III El Noble. Carlos III y su esposa doña Leonor van a ser los artífices de la construcción del Palacio Real "que tenía tantas habitaciones como días el año". El derroche económico, creatividad y capricho va a convertirlo en un palacio de ensueño, uno de los palacios más esplendidos de Europa en su época.
El Palacio es un complejo conjunto irregular de torres, estancias, galerías, jardines y patios que le confieren un aspecto anárquico y una singular silueta que sobresale sobre el caserío de la ciudad. A pesar de esa aparente anarquía el aspecto exterior es majestuoso. Destacamos en las obras a Martín Périz de Estella, maestro mayor de mazonería y director de la obra de cantería, y al moro tudelano Lope el "Barbicano" encargado de las obras de carpintería. Acompañaron al monarca y conocieron los castillos franceses de la familia de Carlos III y los castellanos de la familia de la reina Leonor. Mención especial merece Jehan Lome de Tournay, tallador de imágenes, que sería el escultor más destacado en las obras del palacio y en todo el reino de Navarra. Numerosos artistas y de muy diversa procedencia se encargaron de decorar elegantemente el Palacio: así, moros y franceses realizaron hermosas yeserías, moros tudelanos se encargaron de cocer ladrillos barnizados y azulejos, pintores catalanes decoraron las estancias, además de otros artesanos entre los que se encontraban vidrieros, tapiceros, bordadores, argenteros, relojeros y armeros.

Comienzan las obras a impulsos de doña Leonor en 1399, que mandó construir junto a la iglesia de Santa María la capilla de San Jorge y la "Cambra et morada" de la reina. A partir de 1400 Carlos III continuará las obras y seguirá de cerca el proceso constructivo. Primero se levanta el núcleo central donde se alojaba la gran cámara del rey y a partir de él se fueron añadiendo las principales construcciones: las cámaras del Rey y de la Reina, la galería de yeserías mudéjares, el Mirador del Rey de elegante tracería gótica, la torre del Homenaje, la torre del Aljibe, la torre Ochavada o de las Tres Coronas, la torre de los Cuatro Vientos y la torre de la "Joyeuse Garde", atalaya, o del vigía. Especial cuidado se pone en la adecuación de cuidados jardines, como el Jardín de la Reina adosado a las cámaras reales, los patios inferiores de los Toronjales y la Pajarera, y amplios jardines exteriores con vides, frutales y exóticas flores.
Destaca el complejo hidráulico que dotaba de agua a los jardines. El agua venía por conducciones desde el Cidacos y era remontada a la torre del Aljibe por medio de un mecanismo con cangilones para ser distribuida por tuberías de plomo a las fuentes y jardines.
Jardines colgantes, toronjales (naranjos), gayolas (jaulas) de pájaros y ardillas, el estanque de la "taillada" con cisnes, aves de rapiña (azores y halcones) y jaurías de perros para las cacerías, y un verdadero zoológico: leones, un lobo cerval, un camello, varios gamos, un avestruz ... incrementándose en tiempos del Príncipe de Viana con jabalíes, lobos, una jirafa, un papagayo y varios búfalos, completaban la imagen colorista y llena de vida y agitación de la Corte del rey Noble dándole un toque exótico.
Durante el reinado de Carlos III, Olite gozó de paz, prosperidad y fastuosidad palaciega. Se celebraron varias veces Cortes del Reino. Aquí muere la reina doña Leonor en 1415 y diez años más tarde su esposo Carlos III. Grandes fiestas con muchos comensales y suculentos manjares, amenizadas por músicos y juglares, tenían lugar en las estancias del Palacio. Cacerías de venados en el monte encinar, caza de cetrería en los términos de "la Falconera" y torneos alegraban la vida cortesana, celebrándose también corridas de toros con motivo de importantes acontecimientos. También hay que añadir la actuación de prestidigitadores, equilibristas, maestros de esgrima, el entretenimiento con enanos, bufones y locos (simuladores), las danzas, representaciones, etc.
Además de Carlos III y doña Leonor otros personajes ligados a la vida en palacio fueron su hija Doña Blanca y su nieto Carlos Príncipe de Viana. El Príncipe pasó su infancia y aquí se celebró con suntuosidad su boda con la joven flamenca Agnes de Clèves. Siendo rey por derecho, no pudo reinar por la ambición de su padre Juan II de Aragón y por la colaboración egoísta de su madrastra doña Juana Enríquez, intrigante y soberbia, lanzó a su marido contra Carlos, estimulando las discordias y manifestando sus preferencias por su propio hijo Fernando, futuro Fernando II de Aragón, a quien quería que cediese todos los privilegios. El príncipe de Viana optó por someterse a su padre, pero la intervención en los asuntos internos de Navarra llegó a tales extremos que los propios castellanos le ofrecieron expulsar de Navarra a Juan de Aragón y el tratado de Puente la Reina (8 de septiembre de 1451) determina la ruptura definitiva entre padre e hijo. Los beaumonteses tomaron partido por el príncipe de Viana y los agramonteses tomaron partido por el rey Juan y estalló la guerra civil en Navarra.
Cuando Navarra dejó de ser reino independiente, el palacio comenzó su propia decadencia que culminaría con el incendio provocado durante la Guerra de la Independencia y para evitar que las tropas napoleónicas se fortificaran en Olite, el general Espoz y Mina mandó incendiar todo el palacio.
Lo que se visita hoy es una reconstrucción bastante buena, pero en la que no podemos disfrutar ni de su decoración interior original, ni de sus numerosos jardines que existieron entonces, ni su particular zoo.
Una fotografía antes de la reconstrucción.Así que animarse a venir........



Bienaventurados los cortos de vista porque no podran ver mi careto de lejos. 




















































































